Caixabank, Basilea III y las acciones de Iberdrola

Tras superar los test de estrés de Oliver Wyman sobre su capacidad para aguantar un endurecimiento de la crisis, Caixabank tiene el complicado reto de afrontar la entrada en vigor de Basilea III que le penaliza por sus inversiones financieras e industriales.

Basilea III es un acuerdo histórico entre los bancos centrales y los supervisores europeos, para reforzar la solvencia y liquidez de las entidades de crédito. El objetivo es evitar crisis financieras como la actual y, en caso de que se produzcan, sean los propios bancos los que asuman el problema, en lugar de los bancos centrales y, por tanto, los ciudadanos europeos.

La importancia del acuerdo está en que hasta ahora los bancos tenían que tener reservas equivalentes al 2% de los créditos concedidos y a partir de 2019, de acuerdo con la nueva normativa, este porcentaje subirá al 7%.

En estos momentos la intención de Caixabank es desprenderse de parte de los paquetes de acciones que eran propiedad de Caja Navarra y Cajasol, principalmente, las dos entidades que dieron lugar a la creación de Banca Cívica junto con Caja Burgos y Caja Canarias.

El plan es comenzar por vender aquellas participaciones de sociedades cotizadas que tienen liquidez suficiente para ser traspasadas con rapidez, para continuar con las empresas que no están listadas y donde su presencia es minoritaria.

Por ese motivo ha dado orden de vender la cartera heredada de Banca Cívica, con paquetes en diversas compañías, y entre otras Iberdrola.

La inversión en Iberdrola es la mayor de estos paquetes de acciones heredados de Cajasol y supone el 0,5% del capital de la eléctrica. En caso de confirmarse la venta podrían obtener hasta más de 100 millones, de forma rápida, ya que la empresa de Bilbao es una de las más realizables del Ibex 35.

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