Las personas, en nuestro rol de consumidoras y consumidores, elegimos beneficios que habitualmente encontramos asociados a marcas. Eso genera afinidad con la marca porque es el vehículo a través del que recibimos los beneficios esperados. ¿Pero qué pasa cuando una marca se duerme y aparece otra con beneficios superiores o, simplemente más atractivos? Difícilmente nos quedamos con la marca anterior porque permanecer puede ser un insulto a nuestra inteligencia o el equivalente a decir “Más vale mala por conocida que buena por conocer”.
Es entonces cuando entra en juego el propósito pues es importante separar la creación de valor comercial a las marcas, de la creación de valor compartido que la empresa puede generar y que se va a asociar con el éxito en el largo plazo.
Hoy se habla de propósito de marcas y de marcas con causa, sin embargo existen muchos casos que buscan la afinidad y preferencia de los consumidores mediante acciones de corto plazo que buscan generar preferencia para la compra. Una marca que dona una parte de sus ventas a alguna causa es maravillosa, pero si esa decisión no está conectada con el propósito de la empresa, es sólo una estrategia comercial.
Para que una marca genere valor compartido a largo plazo, necesariamente debe estar apoyando causas o acciones anidadas en el propósito de la empresa. Eso sucede pocas veces porque todavía son pocas las compañías que han conseguido una alineación entre sus stakeholders internos y externos.
Para hacer un marketing efectivo dentro de la empresa es indispensable entender la alineación de percepciones internas y externas sobre la marca y la empresa, y con base en esllas desarrollar estrategias integrales anidadas en un propósito superior de la empresa. Sólo así se logra crear y mantener en movimiento el Ciclo Infinito que ilustramos aquí.